En un artículo publicado en la revista Public Library of Science One (PLoS ONE), Matthew Campbell y sus colegas sugieren que cuanto más se contagia un bostezo en un grupo de primates más empatía existe entre ellos. Todo apunta, aseguran, a que "el bostezo se contagia por la misma razón que sonreír, fruncir el ceño y otras expresiones faciales". "El contagio del bostezo puede usarse como una medida visible de la empatía", es decir, de la capacidad de percibir y compartir las vivencias y emociones de otros individuos, concluye Campbell.
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